Personalidad: Gaül es bastante confianzudo, orgulloso y con tintes de príncipe azul. Es simpático y amable con la mayoría, en especial por las mujeres y las crías, ya que tiene un fuerte sentimiento de líder de manada que lo obliga a ser sobreprotector con los más débiles y fomenta la rivalidad contra otros machos que posean un alto ego o lo irriten con su personalidad. Le gusta cuidar, y que lo cuiden, ama la atención sea buena o mala, y jugar con los cachorros le es sumamente gratificante. Es amante de las largas charlas sobre temas quizás estúpidos, de paseos largos a la noche junto a fiel y agradable compañía. Respeta mucho la lealtad, teniendo como imperdonable la traición y los falsos sentimientos, aunque quizás en algunas ocasiones pecó de ello. Tiene una fuerte cadena que arrastra desde su pasado que le encierra los sentimientos en un corazón receloso y desconfiado, por lo que no suele mostrar fuertes sentimientos hacia nadie. Bajo esa sonrisa cariñosa de siempre, también se esconde algo oscuro que puede llegar a controlarlo. Su instinto animal le late a flor de piel, y hacen falta pocos factores para que el agradable lobo se vuelva el más fiero cazador, que no se parará a pensar si su presa comparte algún vínculo con él o no.
Habilidades: Posee bastante fuerza, y también es ágil y rápido, pero sus reflejos no son los mejores y digamos que su resistencia no es muy brillante. Prefiere acabar rápidamente con su víctima con fuertes golpes a darle la posibilidad de alargar la batalla a una duración que lo canse.
Hobbies : No posee muchas aficiones, pero dar largos paseos por la noche es su mayor placer, y en noches de luna llena desaparece para rendirle su más íntimo culto.
Accesorios que llevan consigo: Dagas, Brújula y Flauta de Pan.
Había llegado a casa apenas hace unos segundos, y ya presentía toda la reacción que Gaul haría. Bien, fue un accidente: había tratado de ayudar a un estúpido castor que quedó atorado en el rio, al tratar de sacarlo del agua congelada, la presa que había creado se desbordó, el agua del río cayó a gran presión y velocidad.
Se aferró a la orilla como gato mojado pero, se había hecho una de esas heridas enormes en su pierna, por alguna rama que seguramente le golpeó y raspó sin cuidado.
Ridiculamente sangraba, y su ropa ridiculamente blanca no ayudaba mucho a cubrir esas heridas.
Respira.
- Gaul. - entró llamandolo esperando encontrandolo dentro de ese arbol.
Ni un sonido. Ladeó su cabeza empapada, y sus orejas se movieron un poco.
Tardó un tiempo en haber una respuesta, pero como invocado por un hechizo, el lobo negro chocó estrepitosamente contra la entrada de su improvisado refugio, con el rostro desencajado y la respiración más que agitada por la carrera que había llevado a cabo cuando aquel olor insoportable llegó a su nariz.
-¡RHYS!
Prácticamente se tiró contra el suelo, cayendo de rodillas frente aquella herida que no pintaba nada bien. Sentía como sus manos temblaban con fuerza y su corazón parecía querer reventar.
-¡¿C-cómo te hiciste eso!? ¡Y ESTÁS EMPAPADO!, ¿QUIERES MORIR POR CONGELACIÓN?
Correteó por el lugar al borde del ataque de pánico, tomando las mantas que encontraba para lanzarlas sobre los hombros de Rhys, mientras trataba de adentrarlo en la casa con su cercanía tan incómoda para el otro, haciéndolo retroceder.
-Vamos siéntate en algún lado, tengo que curarte eso
Trató de calmarse, vamos, no estaba muriendo. Era sólo una herida que él y Rhys podían soportar a la perfección, pero el solo hecho de ver de nuevo ese color manchando su blancura impoluta le nublaba la mente.
Buscó por todos lados cualquier cosa que pudiese servirle, algo que la cierva le hubiera dado algún día, eso era exactamente lo que necesitaba. Esos botecitos mágicos. Encontró uno de ellos al rebuscar en los sacos colgados de su cinto y rasgó una tela cualquiera para lograr vendas improvisadas, volviendo a acercarse al zorro.
-¿Duele mucho...?
Ya había abierto el pote para cuando recordó cuanto detestaba el otro ser tocado, y cuan grande era su orgullo, por lo que trató de que el aire regresase a sus pulmones con tranquilidad.
-... Colócate esto en la herida... Yo la vendaré luego... -Consiguió decir más calmado mientras le ofrecía el ungüento.
Su voz. Su voz. La grave voz de Gaul resonó dentro de sus sensibles orejas. Su corazón agitado y el miedo que le empezó a surgir desapareció. No, hoy no soledad, hoy no te apoderaste de mi. Es cierto que Gaul le intimidaba, odiaba estar siempre con él, el lobo ponía una miada que le incomodaba demasiado, sus ojos rojizos sobre los azul verdoso claro del albino.
Y no importaba que, siempre sentía la necesidad de estar cercas a la vez.
- Gaul - su voz sonó pasiva pero su cuerpo se tensó al notar su terrible reacción. La distancia entre sus cuerpos se empezaba a hacer cada vez corta, su respiración se agitaba asustado y se alejaba con cada paso nervioso hacia atras. - Espera b-basta...
"Vamos siéntate en algún lado, tengo que curarte eso"
¿Sentarme?. Giró a ver lo que estaba detrás, y, al notar la silla cercana sólo hizo una mueca, sin mucha gana y un poco más tranquilo al ver que Gaul se había separado, fue a sentarse sin mucha gana.
Hoy era diferente.
Sus ojos se posaron sobre Gaul, observando lo nervioso que se ponía y le causaba una gracia interna con un profundo asco. Lo vio acercarse, y su cuerpo se tensó, buscando no ser tocado.
"¿Duele mucho...?"
Duele como el maldito infierno.
"... Colócate esto en la herida... Yo la vendaré luego..."
Sus ropas estaban empapadas y pegadas a su cuerpo, goteaba chorros de agua fríos que parecían querer convertirse en pocos de nieve, en esos de las nevadas que siempre se hacían en el bosque de Pan. Se deshizo de su abrigo, y de la ropa que tenía encima, sus manos temblaban un poco por el frío y el aire que entraba por sus pulmones lo era aun más, buscó inutilmente el calor de esa sabana, con solamente una camisa blanca pegada al cuerpo, dejando ver a través de esa tela transparente, la piel como la nieve de ese chico.
Y la cicatriz carnosa que ya hacía atravezando su cuerpo, esa que tanto dolía cuando sus recuerdos querían regresar, esa que siempre ardía cuando era tocado.
Sus ojos miraron a los de Gaul, y esa fogata improvisada que era la que emanaba calor daba un ambiente extraño: los ojos de Gaul brillaban de un rojizo extremo, le daban miedo, le causaban pavor... pero tenía el rostro más bello de todos.
Muchas veces se preguntaba quien de verdad era el monstruo allí: un chico moreno con unos preciosos ojos carmesí, como los cuentos que le contaban las hadas, sobre plantas que daban algo llamado "cerezos", que podías degustarlo en épocas verdes, un cabello tan hermoso como la noche... y él, Rhys, sólo era blanco. Blanco como la luna.
No había color.
Sus manos temerosas fueron a tomar ese pote, sin cuidado, al tener el más ligero roce de sus dedos de las yemas con un poco de Gaul, se estremeció y le arrebató el botecillo.
Respira.
Se estremeció y relamió sus labios. Su barbilla temblaba.
- Hoy... - miró su pierna, y se acercó al borde para romper la tela y dejar ver la gran raspadura que se había hecho, sangrante y un poco ardosa. - Un castor me pidió ayuda. Traté de ser amable... y terminé jodido. - hizo una mueca, una triste sonrisa como si demostrara lo patético que había sido. - Quise ignorarlo, pero no pude. Me dio algo de pay por haberlo salvado, que irónico, me vio sangrar pero no me ofreció estadía... quizá pensó que lo podría atacar.
Había decidido cambiar un poco. Contarle sus pequeñas aventuras a la única persona que podía escucharlo, a la que más temía.
- Pero... - vio su herida, sangrante, manchando un lienzo blanco. Giró a verle. Y su cuerpo de nuevo se quedó con una sensación extraña... y sin aliento. -... lo perdí en el camino. - trató de regresar a la conversación.
El moreno estaba concentrado en buscar en qué parte había dejado botado su abrigo para poder cubrirlo correctamente luego, con algo seco y caliente. Si se enfermaba sería un verdadero problema... Pero la voz de Rhys captó su atención en milésimas de segundo, haciendo que volteara su rostro para verle.
¿Hoy?
No le gustó para nada como lucía aquella herida, tan repugnante y deliciosa que lucía. Con una sangre de color rojo tan brillante, como sus ojos, como todo él. Sería deliciosa, lo más deliciosa que nunca hubo probado en su vida. Al igual que esa piel blanca, empapada y tan tierna, que podía ver a la perfección. Quería arrancar de un zarpazo esa tela que tan incómodamente se interponía entre ella y sus manos, y probarla. Morderla, chuparla, besarla.
"Traté de ser amable"
Dio un respingo, volviendo a atender a sus palabras con una sonrisa forzada. Aquello definitivamente iba a ser algo complicado.
Escuchó su pequeña historieta, y aquella sonrisa cada era más tonta, más débil, más encantadora. Y es que no solo era hermoso el hecho de que ese pequeño diablo se hiriera por ayudar a alguien sin recibir nada a cambio, sino que eran sus negras y desgastadas orejas quien estaban escuchando, por primera vez en mucho tiempo, que había sido de su luna mientras él no la miraba, mientras la luz del sol no le dejaba verla.
-Eres... Realmente una buena persona -rió demasiado estúpidamente, le causaba una ternura insoportable, inclusos sus mejillas se volvieron como manzanas oscuras- Está bien que lo ayudases... Fue desagradecido por su parte, pero los animales pequeños son muy miedosos -dejó las vendas a un lado y tomó la misma ropa que Rhys se había quitado. La tela mojada serviría bien para limpiar cualquier mala partícula en el corte- Pero no deberías de arriesgarte tanto... Si algo te pasase -No, Gaül, por ahí no. Su mente, debía guiarla por otro camino- Si te haces mucho daño vas a perder el gusto por ayudar a la gente
Volvió su mirada a su pierna y acercó con cuidado la tela a su herida, asegurándose de que un buen trozo quedase doblado para que no notase ningún tipo de contacto de sus manos. Solo una gruesa tela fría y húmeda raspar poco a poco.
-Aguanta si duele demasiado...
Trató de hacerlo con la mayor delicadeza posible, y una vez hubiese quedado limpia y esa hermosa piel blanca volviese a relucir sin manchas muy notorias dejó espacio para que él colocase la apestosa pasta que serviría para curarlo.
-Yo hoy no hice nada productivo -Oh, mira, estaban manteniendo una charla- Estuve de perezoso el día entero, pero escuché unos odiosos aleteos y salí a ver si alguno de esos horribles bichos había puesto un nido demasiado cerca -Hizo una terrible mueca, aún recordaba el episodio del pequeño pajarillo. En verdad Rhys tenía un interior tan tierno y puro como él lucía por fuera- Luego solo dejé que los árboles me ayudarán a perderme un rato
Hacía muecas terribles, por el contacto de la tela fría tratando de limpiar su herida. Sus labios temblaban y se aferraron a no sacar ningun chillido, estaba sensible, esa herida. Se había golpeado y raspado, estaba un poco hinchada su herida y por ende dolía como el infierno. Los únicos sonidos que salían eran gemidos ahogados en sus labios.
Lo más extraño es que, aunque mirara que Gaul era el que lo tocaba, esos calambres en el estómago no aparecieron, quiza porque de verdad lo único que lee tocaba era la tela.
Escuchó su pequeña historia mientras agarraba un poco de aquella cosa y huntarsela por toda la herida, no tenía ni un vello, solo su piel blanca de unas piernas envidiables para las chicas, lamentablemente. Dolía, ponerse aquello. Se revolvía un poco en la silla y cuando dio por terminada la tarea, sólo vio a Gaul terminando de contar su gran aventura.
Estoy raro.
Duró un rato en silencio tratando de procesar lo dicho por Gaul, sólo que su mente estaba algo bloqueada. El sonrojo amanzanado de Gaul le provocaba un no sé qué.
Mi cuerpo se siente raro.
- Oh... hablando de aves. - de hecho trataba de despejar su mente. - una chica, de las admiradoras tuyas... me dijo que te diera algo... pero no sé si siga en mi...
Sólo el desviar la mirada, buscar su abrigo, y regresar a verlo lo alteró.
Se encogió de hombros, se estremeció, y se hizo una bola pequeña sobre la silla, con su cola metida entre sus piernas.
- Creo...
Su cuerpo tiriteaba por el frío.
- Me quiere dar...
Bajó sus orejas, irritado.
- Un... calambre.
No.
- ¿Por qué no vas por... algo caliente? Me metere en la cama.
-¿Admiradoras...? -Lo único que le venía a la mente era la pobre Anémone que tanto tenía que reprimir por su culpa, pero con su corazón era batalla perdida. Ya tenía un dueño- Oh, no te preocupes, ya veré luego que... ¿Rhys?
Lo quedó mirando confundido, con una sonrisa extrañada y una ceja notablemente más elevada que la otra. ¿Quizás le dolía mucho y sólo trataba de hacerse el valiente? Quizás le había dado mucho frío. Podían ser mil cosas y sabía que nada de lo que pensara sería lo correcto. Solía pasar con Rhys.
Trató de arrimar un poco su rostro, inclinando sus orejas hacia él para intentar entender lo que susurraba aquella voz cada vez más inaudible, terminando por solo obedecer cuando pidió por algo caliente.
-Estás extraño... Si vas a... -Si vas a llorar está bien. No, lo enojaría- Si vas a acostarte termina de vendar eso, saldré a ver si mi abrigo se perdió en la carrera -tomó el resto de las pieles que habían quedado botadas cuando Rhys se despojó de parte de su ropa, y se las pasó- Sería mejor que te desnudases, te quitases todo eso empapado que tienes y te taparas antes de que regrese... Me encargaré de que no te resfríes, puedo improvisar algún tipo de sopa caliente si consigo cazar algo en el camino... ¿Te apetecería?
Diablos, lucía tan terriblemente indefenso en ese instante.
Perfecto. Lo era. Sólo quería que se fuera rápido para saber que demonios era lo que tenía. No podría...
- Gaul... - le llamó sin atender realmente a lo que el otro decía. - Primavera... ¿es este mes?
Con el bosque de Pan, jamás se sabia sobre las estaciones del año. Las hadas siempre eran las que anunciaban en que temporada se encontraba, y una, esta mañana le comentaba a otra sobre la primavera... la odiosa primavera.
Todavía recordaba su primera primavera, fue vergonzosa, terrorifica, y su cuerpo actuaba tan extraño que tuvo que dejar su hogar por varias semanas, todo le alteraba, todo lo ponía nervioso, la presencia de otra persona, la voz... todo.
- ... Ve. - largó a Gaul, llevando sus manos hacia su rostro, cubriendo sus ojos e imitando una pose llorona, aunque en realidad era para que el otro no viese el repentino sonrojo que apareció en su rostro, provocado por sus recuerdos.
Pero Rhys, era blanco, y sus mejillas no eran las que se tornaban unicamente calientes.
No entendió nada, y lo miraba con una tonta sonrisa, hasta que mencionó sobre la primavera, y esa expresión de desplomó por completo dejando al sorprendido Gaül con los ojos clavados en el otro.
-Oh
Oh.
Parecía como si los dioses y todos los espíritus de los bosques estuviesen aliados ese día para hacer de aquel pequeño accidente con el castor la mayor catástrofe para la vida de ambos.
Su mente no podía relacionar bien las órdenes de Rhys, y es que Gaül trataba de bloquearla a toda costa. Que no viera nada, no escuchara, no tocara. Le tenían el mayor de los manjares servido en bandeja de plata frente a sus ojos, todo estaba dispuesto de la mejor manera posible.
Si ahora lo tocaba, no podría echar a correr, su herida iba a doler demasiado.
Su garganta dolería al gritar.
El frío le quitaría la fuerza en sus manos.
- ...
Su sonrisa volvió de oreja a oreja, junto con un temblor notorio por el horrible esfuerzo que estaba haciendo para que todas esas cosas "malas" que ahora le corrían por dentro se quedasen quietas donde estaban.
-C-cazaré mucho -Muévete Gaül- Para... -Mueve tu pie- Que te recuperes pronto... -Mueve tu maldito y repugnante pie- E-eh...
Y se movió, y ya el otro se movió también, y en segundos estaba corriendo lejos de allí como alma que carga el diablo. Su rostro no podía tener un color más extraño que aquel pronunciado rubor sobre una piel tan achocolatada que ahora parecía hacerle latir el rostro.
-Oh diablos, diablos, diablos
Se detuvo en seco y revolvió su cabello, llevando ambas manos a su cara para sentir el ardor que emitía contra su piel, mirando nervioso para todos lados.
Aquello era demasiado. ¡NO PODRÍA VOLVER! No confiaba en lo absoluto en su cordura, su auto control y su vicio por aquel pequeño cachorro. Sus orejas temblorosas, la cola tratando de protegerlo, ese color tan sano y delicioso tiñendo una carne que seguro cedería con facilidad bajo sus dientes. Su piel se rompería en cortes limpios y la sangre correría obediente hacia su boca.
-¡DIABLOS!
Se agarró al primer árbol que encontró cerca y se dio un fuerte cabezazo contra este, frotando su cara contra la madera recubierta por esa nieve tan fría y relajante, raspándose con las irregularidades de aquella superficie sin importarle demasiado.
Había llegado a casa apenas hace unos segundos, y ya presentía toda la reacción que Gaul haría. Bien, fue un accidente: había tratado de ayudar a un estúpido castor que quedó atorado en el rio, al tratar de sacarlo del agua congelada, la presa que había creado se desbordó, el agua del río cayó a gran presión y velocidad.
Se aferró a la orilla como gato mojado pero, se había hecho una de esas heridas enormes en su pierna, por alguna rama que seguramente le golpeó y raspó sin cuidado.
Ridiculamente sangraba, y su ropa ridiculamente blanca no ayudaba mucho a cubrir esas heridas.
Respira.
- Gaul. - entró llamandolo esperando encontrandolo dentro de ese arbol.
Ni un sonido. Ladeó su cabeza empapada, y sus orejas se movieron un poco.
- ¿Gaul?
Su corazón empezó a latir deprisa.
- Gaul.
Lo llamó por tercera vez.
-¡RHYS!
Prácticamente se tiró contra el suelo, cayendo de rodillas frente aquella herida que no pintaba nada bien. Sentía como sus manos temblaban con fuerza y su corazón parecía querer reventar.
-¡¿C-cómo te hiciste eso!? ¡Y ESTÁS EMPAPADO!, ¿QUIERES MORIR POR CONGELACIÓN?
Correteó por el lugar al borde del ataque de pánico, tomando las mantas que encontraba para lanzarlas sobre los hombros de Rhys, mientras trataba de adentrarlo en la casa con su cercanía tan incómoda para el otro, haciéndolo retroceder.
-Vamos siéntate en algún lado, tengo que curarte eso
Trató de calmarse, vamos, no estaba muriendo. Era sólo una herida que él y Rhys podían soportar a la perfección, pero el solo hecho de ver de nuevo ese color manchando su blancura impoluta le nublaba la mente.
Buscó por todos lados cualquier cosa que pudiese servirle, algo que la cierva le hubiera dado algún día, eso era exactamente lo que necesitaba. Esos botecitos mágicos. Encontró uno de ellos al rebuscar en los sacos colgados de su cinto y rasgó una tela cualquiera para lograr vendas improvisadas, volviendo a acercarse al zorro.
-¿Duele mucho...?
Ya había abierto el pote para cuando recordó cuanto detestaba el otro ser tocado, y cuan grande era su orgullo, por lo que trató de que el aire regresase a sus pulmones con tranquilidad.
-... Colócate esto en la herida... Yo la vendaré luego... -Consiguió decir más calmado mientras le ofrecía el ungüento.
Y no importaba que, siempre sentía la necesidad de estar cercas a la vez.
- Gaul - su voz sonó pasiva pero su cuerpo se tensó al notar su terrible reacción. La distancia entre sus cuerpos se empezaba a hacer cada vez corta, su respiración se agitaba asustado y se alejaba con cada paso nervioso hacia atras. - Espera b-basta...
"Vamos siéntate en algún lado, tengo que curarte eso"
¿Sentarme?. Giró a ver lo que estaba detrás, y, al notar la silla cercana sólo hizo una mueca, sin mucha gana y un poco más tranquilo al ver que Gaul se había separado, fue a sentarse sin mucha gana.
Hoy era diferente.
Sus ojos se posaron sobre Gaul, observando lo nervioso que se ponía y le causaba una gracia interna con un profundo asco. Lo vio acercarse, y su cuerpo se tensó, buscando no ser tocado.
"¿Duele mucho...?"
Duele como el maldito infierno.
"... Colócate esto en la herida... Yo la vendaré luego..."
Sus ropas estaban empapadas y pegadas a su cuerpo, goteaba chorros de agua fríos que parecían querer convertirse en pocos de nieve, en esos de las nevadas que siempre se hacían en el bosque de Pan. Se deshizo de su abrigo, y de la ropa que tenía encima, sus manos temblaban un poco por el frío y el aire que entraba por sus pulmones lo era aun más, buscó inutilmente el calor de esa sabana, con solamente una camisa blanca pegada al cuerpo, dejando ver a través de esa tela transparente, la piel como la nieve de ese chico.
Y la cicatriz carnosa que ya hacía atravezando su cuerpo, esa que tanto dolía cuando sus recuerdos querían regresar, esa que siempre ardía cuando era tocado.
Sus ojos miraron a los de Gaul, y esa fogata improvisada que era la que emanaba calor daba un ambiente extraño: los ojos de Gaul brillaban de un rojizo extremo, le daban miedo, le causaban pavor... pero tenía el rostro más bello de todos.
Muchas veces se preguntaba quien de verdad era el monstruo allí: un chico moreno con unos preciosos ojos carmesí, como los cuentos que le contaban las hadas, sobre plantas que daban algo llamado "cerezos", que podías degustarlo en épocas verdes, un cabello tan hermoso como la noche... y él, Rhys, sólo era blanco. Blanco como la luna.
No había color.
Sus manos temerosas fueron a tomar ese pote, sin cuidado, al tener el más ligero roce de sus dedos de las yemas con un poco de Gaul, se estremeció y le arrebató el botecillo.
Respira.
Se estremeció y relamió sus labios. Su barbilla temblaba.
- Hoy... - miró su pierna, y se acercó al borde para romper la tela y dejar ver la gran raspadura que se había hecho, sangrante y un poco ardosa. - Un castor me pidió ayuda. Traté de ser amable... y terminé jodido. - hizo una mueca, una triste sonrisa como si demostrara lo patético que había sido. - Quise ignorarlo, pero no pude. Me dio algo de pay por haberlo salvado, que irónico, me vio sangrar pero no me ofreció estadía... quizá pensó que lo podría atacar.
Había decidido cambiar un poco. Contarle sus pequeñas aventuras a la única persona que podía escucharlo, a la que más temía.
- Pero... - vio su herida, sangrante, manchando un lienzo blanco. Giró a verle. Y su cuerpo de nuevo se quedó con una sensación extraña... y sin aliento. -... lo perdí en el camino. - trató de regresar a la conversación.
Algo va mal.
¿Hoy?
No le gustó para nada como lucía aquella herida, tan repugnante y deliciosa que lucía. Con una sangre de color rojo tan brillante, como sus ojos, como todo él. Sería deliciosa, lo más deliciosa que nunca hubo probado en su vida. Al igual que esa piel blanca, empapada y tan tierna, que podía ver a la perfección. Quería arrancar de un zarpazo esa tela que tan incómodamente se interponía entre ella y sus manos, y probarla. Morderla, chuparla, besarla.
"Traté de ser amable"
Dio un respingo, volviendo a atender a sus palabras con una sonrisa forzada. Aquello definitivamente iba a ser algo complicado.
Escuchó su pequeña historieta, y aquella sonrisa cada era más tonta, más débil, más encantadora. Y es que no solo era hermoso el hecho de que ese pequeño diablo se hiriera por ayudar a alguien sin recibir nada a cambio, sino que eran sus negras y desgastadas orejas quien estaban escuchando, por primera vez en mucho tiempo, que había sido de su luna mientras él no la miraba, mientras la luz del sol no le dejaba verla.
-Eres... Realmente una buena persona -rió demasiado estúpidamente, le causaba una ternura insoportable, inclusos sus mejillas se volvieron como manzanas oscuras- Está bien que lo ayudases... Fue desagradecido por su parte, pero los animales pequeños son muy miedosos -dejó las vendas a un lado y tomó la misma ropa que Rhys se había quitado. La tela mojada serviría bien para limpiar cualquier mala partícula en el corte- Pero no deberías de arriesgarte tanto... Si algo te pasase -No, Gaül, por ahí no. Su mente, debía guiarla por otro camino- Si te haces mucho daño vas a perder el gusto por ayudar a la gente
Volvió su mirada a su pierna y acercó con cuidado la tela a su herida, asegurándose de que un buen trozo quedase doblado para que no notase ningún tipo de contacto de sus manos. Solo una gruesa tela fría y húmeda raspar poco a poco.
-Aguanta si duele demasiado...
Trató de hacerlo con la mayor delicadeza posible, y una vez hubiese quedado limpia y esa hermosa piel blanca volviese a relucir sin manchas muy notorias dejó espacio para que él colocase la apestosa pasta que serviría para curarlo.
-Yo hoy no hice nada productivo -Oh, mira, estaban manteniendo una charla- Estuve de perezoso el día entero, pero escuché unos odiosos aleteos y salí a ver si alguno de esos horribles bichos había puesto un nido demasiado cerca -Hizo una terrible mueca, aún recordaba el episodio del pequeño pajarillo. En verdad Rhys tenía un interior tan tierno y puro como él lucía por fuera- Luego solo dejé que los árboles me ayudarán a perderme un rato
Lo más extraño es que, aunque mirara que Gaul era el que lo tocaba, esos calambres en el estómago no aparecieron, quiza porque de verdad lo único que lee tocaba era la tela.
Escuchó su pequeña historia mientras agarraba un poco de aquella cosa y huntarsela por toda la herida, no tenía ni un vello, solo su piel blanca de unas piernas envidiables para las chicas, lamentablemente. Dolía, ponerse aquello. Se revolvía un poco en la silla y cuando dio por terminada la tarea, sólo vio a Gaul terminando de contar su gran aventura.
Estoy raro.
Duró un rato en silencio tratando de procesar lo dicho por Gaul, sólo que su mente estaba algo bloqueada. El sonrojo amanzanado de Gaul le provocaba un no sé qué.
Mi cuerpo se siente raro.
- Oh... hablando de aves. - de hecho trataba de despejar su mente. - una chica, de las admiradoras tuyas... me dijo que te diera algo... pero no sé si siga en mi...
Sólo el desviar la mirada, buscar su abrigo, y regresar a verlo lo alteró.
Se encogió de hombros, se estremeció, y se hizo una bola pequeña sobre la silla, con su cola metida entre sus piernas.
- Creo...
Su cuerpo tiriteaba por el frío.
- Me quiere dar...
Bajó sus orejas, irritado.
- Un... calambre.
No.
- ¿Por qué no vas por... algo caliente? Me metere en la cama.
Lo quedó mirando confundido, con una sonrisa extrañada y una ceja notablemente más elevada que la otra. ¿Quizás le dolía mucho y sólo trataba de hacerse el valiente? Quizás le había dado mucho frío. Podían ser mil cosas y sabía que nada de lo que pensara sería lo correcto. Solía pasar con Rhys.
Trató de arrimar un poco su rostro, inclinando sus orejas hacia él para intentar entender lo que susurraba aquella voz cada vez más inaudible, terminando por solo obedecer cuando pidió por algo caliente.
-Estás extraño... Si vas a... -Si vas a llorar está bien. No, lo enojaría- Si vas a acostarte termina de vendar eso, saldré a ver si mi abrigo se perdió en la carrera -tomó el resto de las pieles que habían quedado botadas cuando Rhys se despojó de parte de su ropa, y se las pasó- Sería mejor que te desnudases, te quitases todo eso empapado que tienes y te taparas antes de que regrese... Me encargaré de que no te resfríes, puedo improvisar algún tipo de sopa caliente si consigo cazar algo en el camino... ¿Te apetecería?
Diablos, lucía tan terriblemente indefenso en ese instante.
- Gaul... - le llamó sin atender realmente a lo que el otro decía. - Primavera... ¿es este mes?
Con el bosque de Pan, jamás se sabia sobre las estaciones del año. Las hadas siempre eran las que anunciaban en que temporada se encontraba, y una, esta mañana le comentaba a otra sobre la primavera... la odiosa primavera.
Todavía recordaba su primera primavera, fue vergonzosa, terrorifica, y su cuerpo actuaba tan extraño que tuvo que dejar su hogar por varias semanas, todo le alteraba, todo lo ponía nervioso, la presencia de otra persona, la voz... todo.
- ... Ve. - largó a Gaul, llevando sus manos hacia su rostro, cubriendo sus ojos e imitando una pose llorona, aunque en realidad era para que el otro no viese el repentino sonrojo que apareció en su rostro, provocado por sus recuerdos.
Pero Rhys, era blanco, y sus mejillas no eran las que se tornaban unicamente calientes.
- Quiero comer mucho. - a ver si se tardaba así.
Iba a ser horrible.
No entendió nada, y lo miraba con una tonta sonrisa, hasta que mencionó sobre la primavera, y esa expresión de desplomó por completo dejando al sorprendido Gaül con los ojos clavados en el otro.
-Oh
Oh.
Parecía como si los dioses y todos los espíritus de los bosques estuviesen aliados ese día para hacer de aquel pequeño accidente con el castor la mayor catástrofe para la vida de ambos.
Su mente no podía relacionar bien las órdenes de Rhys, y es que Gaül trataba de bloquearla a toda costa. Que no viera nada, no escuchara, no tocara. Le tenían el mayor de los manjares servido en bandeja de plata frente a sus ojos, todo estaba dispuesto de la mejor manera posible.
Si ahora lo tocaba, no podría echar a correr, su herida iba a doler demasiado.
Su garganta dolería al gritar.
El frío le quitaría la fuerza en sus manos.
- ...
Su sonrisa volvió de oreja a oreja, junto con un temblor notorio por el horrible esfuerzo que estaba haciendo para que todas esas cosas "malas" que ahora le corrían por dentro se quedasen quietas donde estaban.
-C-cazaré mucho -Muévete Gaül- Para... -Mueve tu pie- Que te recuperes pronto... -Mueve tu maldito y repugnante pie- E-eh...
Y se movió, y ya el otro se movió también, y en segundos estaba corriendo lejos de allí como alma que carga el diablo. Su rostro no podía tener un color más extraño que aquel pronunciado rubor sobre una piel tan achocolatada que ahora parecía hacerle latir el rostro.
-Oh diablos, diablos, diablos
Se detuvo en seco y revolvió su cabello, llevando ambas manos a su cara para sentir el ardor que emitía contra su piel, mirando nervioso para todos lados.
Aquello era demasiado. ¡NO PODRÍA VOLVER! No confiaba en lo absoluto en su cordura, su auto control y su vicio por aquel pequeño cachorro. Sus orejas temblorosas, la cola tratando de protegerlo, ese color tan sano y delicioso tiñendo una carne que seguro cedería con facilidad bajo sus dientes. Su piel se rompería en cortes limpios y la sangre correría obediente hacia su boca.
-¡DIABLOS!
Se agarró al primer árbol que encontró cerca y se dio un fuerte cabezazo contra este, frotando su cara contra la madera recubierta por esa nieve tan fría y relajante, raspándose con las irregularidades de aquella superficie sin importarle demasiado.
-Si no vuelvo no comerá
Sentimientos encontrados.
-Y si vuelvo lo comeré
Siempre igual, Gaül.